viernes, 1 de junio de 2012

9. La batalla.

Fue una batalla dura y sofocante, pero había conseguido que su grupo tuviese el menor número de manchas de pintura posibles. 
África se giró de golpe y miró a su grupo.
-Chicos, seguid. Allí, a doscientos metros se encuentran Fran y los demás. Seguid el camino. Os alcanzó enseguida.
Había sentido una ligera presencia al otro lado de la duna, intentando pasar desapercibida. La rodeo lentamente, arrastrándose por el suelo y vio a un chico sentado de espaldas. Tenía el pelo rubio lleno de pintura y se había quitado la camiseta, que también estaba llena de pintura.
África se acercó y le puso una mano en el hombro:
-¿Estás bien? Deberías entrar si te encuentras mal, hay una enfermería dentro -dijo mientras él giraba la cara.
Dio un paso hacía atrás al reconocerle y tropezó sobre su pie, cayendo al suelo. Él sonrío con esfuerzo.
-Vete, corre. Vais ganando y te estarán esperando -dijo con una voz excesivamente ronca.
Ella le miró fijamente y se acercó. Le quitó el brazo que tenía sobre la tripa y vio como la sangre fluía lentamente de una gran herida. Entonces miró la camiseta y se dio cuenta: no era pintura, era sangre.
Se levantó y corrió a coger su mochila. 
-Túmbate encima de la camiseta -le dijo con seriedad.
Se quitó en pañuelo de la cabeza y vertió una botella de agua sobre la herida, presionando seguidamente con el pañuelo. 
-¿Qué ha pasado? Y no me digas 'es confidencial' o 'no puedo contártelo porque es peligroso' porque te juro que me voy y dejo que te mueras.
Él la miro con seriedad, pero estaba demasiado mareado para reprocharle nada.
-Había venido a verte...me enteré de lo del entrenamiento y lo necesitaba. Pensé que pasaría desapercibido entre tantos desconocidos y que nadie me reconocería -paró para respirar con mucho cuidado mientras cerraba los ojos- ...pero me equivoqué. Llevaba un rato detrás de vosotros, mirándote y, supongo que me despiste. Sentí algo detrás de mi y cuando me quise dar cuenta era tarde. Me di la vuelta para defenderme, pero no me dio tiempo. Me clavó una navaja muy grande y salió corriendo. No le llegué a ver la cara. 
África sacó un botiquín de la mochila y le echó un poco de alcohol en la herida; le cosió y le puso desinfectante y una venda. 
-¿Mejor? -dijo mientras guardaba todo.
Él la miraba curiosamente. Hacía apenas unos meses era prácticamente una niña y ahora tenía delante a una mujer. Se sentó con cuidado y se empezó a reír.
-¿Qué? -preguntó África inquieta. 
-En su día te subestimamos. Pensamos que sería fácil hablar contigo: tener con nosotros a la chica más especial de todas. Pero supongo que en eso también nos equivocamos. Lo hicimos mal y solo conseguimos asustarte. -dijo mientras se acercaba a ella y le acariciaba la cara.
Se dio cuenta de la herida del labio y de la ceja, y del excesivo maquillaje que había en su rostro y apretó con furia la mano en torno a la arena del suelo. Acarició sus heridas con cuidado y la miró más cuidadosamente, hasta ver el borde de la venda. Puso su mano en la espalda y, con infinito cuidado, la tumbó en el suelo. Le levanto la camiseta y le quitó despacio la venda. Y entonces lo vio. 

África estaba en estado de shock. No podía reaccionar contra él, había tanto amor en su mirada que no podía apartarle. Observó cómo se le llenaban los ojos de lágrimas y cómo poco a poco se derramaban sus mejillas. Se había quedado muda, no sabía que hacer.
-¿Puedo tumbarme apoyado en ti? -dijo él mientras la miraba.
Ella afirmó con la cabeza y le acarició lentamente el pelo mientras las lágrimas de él caían sobre su tripa. 
Al cabo de un rato, todavía llorando, él levanto la cabeza y la miró fijamente.
-África...
-¿Qué?
-Te quiero.
Y, sin que se lo esperase, se acercó lentamente y rozó sus labios con los de él una milésima de segundo.  Juntando sus lágrimas con las de ella. Se oyó un trueno y, otra vez, empezó a llover.
Él se levantó y echó a andar lentamente por el desierto bajo aquella lluvia y, en menos tiempo del que ella tardó en parpadear, ya no estaba.

África se colocó la venda, se bajo la camiseta y se puso bien el mono. Aunque lloraba, sabía que con aquella lluvia no se distinguirían sus lágrimas.
Cogió la mochila y siguió el rastro que había dejado el grupo, hacía ya unas horas. Corrió todo lo que pudo hasta que los encontró. Se tumbó sobre una duna y observó la situación. Estaban rodeados. Fran se hallaba en el centro, apuntando con la pistola pero sabía que en cuanto disparase estaban perdidos. Ella contó mentalmente cuantas personas les rodeaban. Veinte. Todos los vigilantes y soldados protectores de la bandera estaban allí. La bandera debería estar cerca. Cerró los ojos y la buscó por el perímetro lentamente. Estaba a unos 200 metros detrás del grupo, en un pequeño valle, sin protección. Había dos pistolas en automático a los lados por si alguien conseguía acercarse. Era prácticamente imposible. Pero había una posibilidad. 'La chica más especial de todas', resonaba en su cabeza segundo a segundo. '¿Qué había querido decir?'. Odiaba no entender algo. Cerró los ojos y la localizó de nuevo. Ahí estaba, a tan sólo 200 metros. Fran gritó su nombre, pero intentó no inmutarse. Quería esa bandera como fuese. 
Con los ojos cerrados se levantó y dejó que su instinto la guiase. Tardó veinte minutos en parar de andar y la lluvia seguía cayendo, incansable. Abrió los ojos y se encontró delante del podio con la bandera. Detrás de ella se oían los gritos de la batalla que se estaba librando a 200 metros. Reptó con cuidado hasta llegar a la posición de la primera pistola, la desactivo e hizo lo mismo con la segunda. Prefirió escalar por detrás del podio y coger la bandera sin ser vista. 
Puso la mano sobre la bandera y, antes de cogerla, presiono el botón del walkie talkie:
-La tengo, corred hacía la entrada...¡AHORA! -dijo mientras la cogía.
Nada más separarla del podio, sono una alarma intensa y, de la parte delantera de éste empezaron a salir chorros y chorros de pintura. África sonrío y salió corriendo hacía la entrada como si le fuese la vida en ello. 
Llegó justo a la vez que su grupo y, en cuanto hubo entregado la bandera, respiró hondo y les miró.  Aún sin haber visto al otro grupo la decepción cayo sobre ella y se sentó en los escalones.
Fran se acercó a ella y sonrió irónicamente:
-No te preocupes, has hecho lo que creías que tenías que hacer.
Entraron todos los grupos a la sala de reuniones mientras ella seguía fuera llorando, hasta que Limbo salió y se agachó frente a ella.
-África, te están esperando. No se puede dar un veredicto si uno de los capitanes no está presente. -le dijo mientras le ayudaba a levantarse.
Entraron dentro y subieron hasta la sala de reuniones, donde la mayoría de la gente estaba cubierta de pintura roja. África se sentó en su sitio y ni siquiera miro al rededor.
-Por favor, -dijo el juez que decidía el ganador- las personas que no tengan nada de pintura en el cuerpo que se presenten aquí delante.
África se miró a si misma y se dio cuenta de que estaba totalmente limpia. Aparte de la sangre que se había quitado prácticamente con la lluvia. Se levantó y se puso delante junto con otras 6 personas.
Miró a su derecha y vio a los tres vigilantes del equipo contrario, sonrientes; y, despacio, casi con miedo, miró a su izquierda, esperándose lo peor. Vio a los tres vigilantes de su equipo y se puso a llorar sin poder creérselo. Pese a todo,

habían ganado.