lunes, 21 de mayo de 2012

3. Carla


En silencio se tumbó en su cama mirando al techo. Habían pasado ya dos días y todavía no le habían encontrado. Carla se paso la mano por el pelo con nerviosismo. ‘¿Y si le ha pasado algo?’. No quería ni pensar como se pondría el jefe de ser así. Se sentó y se miró en el espejo de enfrente. Estaba rara. Desde que entró en La Organización se sentía distinta. El pelo, los ojos, el cuerpo; todo había cambiado. Miró la foto que tenía en la repisa: una niña de 10 años con el pelo pelirrojo larguísimo, con los ojos verdes y regordeta, muchas pecas y una sonrisa inmensa. Quiso sonreír al ver que en la foto llevaba a su perrito de peluche, Dog, en la mano, pero no pudo. Era imposible sonreír en la situación en la que se encontraban. Volvió a mirarse al espejo sabiendo que ya no quedaba prácticamente nada de la niña de la foto en él. Llevaba el pelo corto justo por debajo de la oreja, lentillas marrones, maquillaje para tapar las pecas y no había ni rastro de aquella sonrisa.
Justo en ese momento, él atravesó la puerta con su sonrisa y, aunque siempre lo arreglase todo, aquella vez era difícil.
-¿La habéis encontrado?
Él negó con la cabeza perdiendo la sonrisa.
- Ni rastro en su casa, ni en la de ningún familiar; El Grupo ha buscado en las afueras y en los pueblos de alrededor pero nada. Nadie la ha visto desde el viernes, nadie ha oído nada de ella y, por supuesto, nadie sabe dónde está. No sé cómo, pero ha huido.
Ella se acercó a él y le abrazó. Sabía lo que le dolía perder aquel caso. Había estado siguiéndolo desde que cumplió los 18, cinco años atrás. Sabía que África era su punto débil. Se quedó mirando aquellos ojos grises en los que tanto le gustaba perderse.
A veces, resultaba irónico que una chica de 15 años como ella se sintiese atraída por un chico más mayor y que prácticamente le ignoraba, pero Carla nunca se rendía. Sonrío interiormente, se puso de puntillas y le besó. Fue un beso corto, rápido, de apenas dos segundos; lo que tardó él en retirar la cara y apartarse.
-Está noche saldré con El Grupo hacía Nueva York. Vamos a ver si, por algún casual, se ha sentido amenazada y ha ido a casa de sus padres allí. Sea como sea, mañana al amanecer tendréis noticias urgentes. Buenas noches, Carla. –dijo mientras se volvía.
Ella le sujeto la mano y le atrajo hacía si. Volvió a besarle, acercándose más. Él se dio por vencido. Intentar retener a aquella niña era como intentar mantenerla en su habitación todo el día. Le pasó la mano por su espalda y la cogió en brazos, mientras la besaba casi desesperadamente. La tumbó en la cama y la separó de él. Respiró hondo, una, dos, tres veces. Le acarició la cara y salió rápidamente de la habitación.

Carla se sentó en la cama disgustada. Otra vez, era la décima vez que se lo hacía ese mes. Se fue hacía el baño y se quitó el maquillaje. Se duchó y se puso el pijama. Cuando se tumbó en la cama se puso a pensar lentamente en todo aquello que le había pasado en aquellos años.
Ella también había huido…al principio.

15 de Mayo del 2009, Pradera de San Isidro, Madrid.
-¡Carla, no te vayas lejos! –le gritó su madre.
Ella se giró y sonrió fugazmente mientras hablaba con sus amigas. Se sentaron en el césped mientras comían rosquillas y se contaban sus secretos.
-Pues tía, Ernesto ayer me regalo un anillo, -decía Margarita mientras les enseñaba un anillo de plástico rosa.- dijo que quería ser mi novio por ser la más guapa de la clase.
Carla y Yoli se miraron y se rieron de ella. Marga no era fea pero, a veces, se creía más guapa e inteligente de lo que realmente era. Era morena y delgada y tenía unos grandes ojos azules. Yoli, en cambio era muy sencilla. Pequeña, callada, tímida y amable. Aunque Carla pensaba que era la sencillez de Yoli lo que le hacía más guapa que Marga.
-¡Carla, nos vamos que papá mañana trabaja!
Carla se despidió de Marga y de Yoli y se fue corriendo con sus padres y su hermano Nico. Al llevar Nico le dio la mano y le miró con los mismos ojos verdes que tenía ella.
Nico tenía 3 años y nunca hablaba. Era un niño tranquilo pero siempre sonriente. Carla le adoraba.
Llegaron a casa y Carla se puso a ver la tele. Entonces llegó un hombre mayor que llamo a la puerta y habló con la madre de Carla. Le dio una carpeta y estuvieron hablando todo el resto de la tarde en la cocina. Al final su madre, con lágrimas en los ojos, le dijo a Carla que debía irse a un internado muy lejos con ese hombre. Que le había contado lo mal que le iba en el colegio, que sus notas eran horrorosas y que era un mal ejemplo para el resto de sus compañeros.
Carla sintió que se moría. Estudiaba mucho y a menudo y nunca había suspendido un examen. No sabía porque aquel señor le decía aquellas cosas a su madre.
Impotente, tuvo que ver como su madre, muy enfadada por aquello, hacía la maleta de Carla y preparaba sus cosas.
Con lágrimas en los ojos, Carla salió corriendo de su casa sin que la viesen y huyó muy lejos, donde nadie pudiese encontrarla. Pero entonces apareció él, con su sonrisa y su “no te preocupes, todo va a salir bien”. Desde ese día, Carla nunca se había enamorado de nadie más.

Carla abrió los ojos en su habitación de La Organización. Estaba apunto de llorar y se sentía cansada. Toda la farsa del internado, de aquel hombre: todo salió como ellos lo planearon. Pero ahora ella quería estar allí. Formaba parte de ello. Tres años después, mucho estudio, y unas cuantas misiones por delante, le habían enseñado en quién de aquel lugar podía confiar. En él, claramente, en Mikel y en El Grupo. El resto de personas únicamente les saludaban cuando se cruzaban con ella o cuando estaban en el comedor.
Sonrío y cogió su móvil. Marcó el número de su casa y, como cada noche, llamo a su madre.
-¡Hola mamá!
-Hola Carla, cariño, ¿cómo te ha ido el día?
Carla le contó un falso día, como siempre. Una supuesta historia sobre qué había estudiado, sobre lo crueles que eran sus profesores y  los supuestos deberes que les habían mandado ese día.
Siempre agradecería tener una madre tan inocente. Le mandaba fotos cada mes, le hacía una llamada cada día y, de vez en cuando, si tenía algo más de tiempo libre, le mandaba correos o le hacía dibujos bonitos para Nico.
Sus padres se habían mudado un año atrás a un pequeño pueblecito de Galicia donde vivía la hermana de su abuela. Nico todavía no hablaba y ya tenía seis años así que su madre, desesperada, había decidido mudarse para ver si eso le aportaba algo.
El supuesto internado de Carla se encontraba a las afueras de Madrid pero, como no podían recibir visitas ni salir, hasta que no cumpliesen la mayoría de edad, sus padres no habían visto necesario esperarla.
Carla escuchó a su madre, se despidió y colgó. Apagó el móvil y se metió en la cama. Respiró despacio y, cruzó los dedos. 'Ojalá encuentren a África antes de que sea demasiado tarde", pensó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario