África se despertó de noche y se incorporó despacio. Buscó sus zapatillas en la oscuridad y se levantó con cuidado para no despertar a Fran. Abrió el armario para coger ropa limpia y toallas y sonrío en la oscuridad. Aparte de los usuales jerséis y pantalones de los que estaban compuestos los uniformes había un montoncito de camisetas de tirantes con una nota encima: 'Para que no te pasees por el recinto en sujetador, Limbo."
Cogió una toalla, el uniforme y la ropa interior y se dirigió a los vestuarios. Se quitó la especie de camisón de hospital que llevaba puesto y se metió en la ducha. Abrió el grifo de agua fría y se intento quitar aquel sudor pegajoso que le dejaba ese calor infernal. Se secó, se vendó las zonas heridas, y se vistió despacio, mirando cada moraton que tenía en el cuerpo. Se hizo una larga trenza de raíz y maquilló ligeramente los diversos moratones de la cara y los brazos.
Realmente los moratones, el labio y la ceja apenas le dolían, pero el dolor de las costillas era bastante penetrante; le costaba mucho respirar fuerte. Había estado una semana en la cama, descansando, casi sin poder moverse de allí. Pero aquel día era especial. Había oído en los pasillos que había un entrenamiento especial, basando en la coordinación y en el trabajo en equipo, contra un grupo de otro sector de África. Iba a ser una guerra en pleno Kalahari y ella no pensaba perdérselo.
Subió las escaleras hasta el tercer piso y llamó a una puerta situada al fondo, donde sabía que se encontraba el despacho del General.
Limbo tenía sobre la mesa diversas estrategias y planos de formación para el entrenamiento de aquel día. Llevaba varios días preparando todo y entrenando a su equipo para ello. Habían decidido hacerlo como una guerra de Paintball en pleno aire libre y el ganador tendría dos semanas de vacaciones fuera de su respectivo recinto. La pérdida, hacía ya una semana, de aquel Sargento había resultado un fastidio; pero no comparable a la pérdida para este combate de su mejor Capitana. Sonrío mientras recordaba como le había visto mejorar día a día y como, finalmente, obligó al Sargento a nombrarla Capitana del equipo en los entrenamientos. África era la mejor y, asombrablemente, se superaba incluso a sí misma. Miró el reloj y comprobó que faltaban apenas cuarenta minutos para las 7, hora en la que se levantarían todos y se prepararían para el campo de batalla. Se puso de píe y se dirigió a la puerta y, justo cuando iba a salir sonó la puerta.
Abrió la puerta y se la encontró ahí parada, sonriendo; vestida con el uniforme y con los moratones tapados con maquillaje. Esa chica cada día lograba sorprenderle más. Le hizo pasar y se apoyó en la mesa mientras la miraba fijamente.
-África, ¿que haces aquí? Deberías estar en la cama, descansando.
-Pero, señor, ya he descansado una semana y hoy he oído que hay un entrenamiento especial y muy importante y he pensado que, si no le importa, podría participar -dijo con una emoción que él no se esperaba-. Se que soy buena y que puedo ayudar, y todos hemos entrenado mucho y duro. Por favor...
La miró seriamente y cogió una de las hojas de las que tenía encima de la mesa. 'Sería lo mejor', pensó. Suspiró y se la tendió.
-¿Qué es esto? -dijo mientras lo cogía y lo miraba casi con miedo.
-Eso es tu estrategia de combate, Capitana -dijo mientras se levantaba de su asiento y se sentaba a su lado-. Esto que ves aquí es el campo de combate donde vamos a realizar el entrenamiento. Sois dos equipos de 50 personas cada uno. Cada equipo tendrá 45 combatientes, 2 capitanes, 3 vigilantes -señalo los dos extremos opuestos del mapa-. En el lado derecho se encontrara nuestra bandera, en el izquierdo la suya. Tú misión, junto con el otro capitán, es guiar a tu equipo hacía la bandera con el menor número de 'heridos' posible. Los vigilantes se encargaran de vigilar vuestra bandera e impedir que el equipo contrario la coja. Gana el que antes llegue a este punto del mapa -señaló justo el centro, donde se encontraba la entrada del edificio- con la bandera contraria y menor número de heridos posible.
África cogió el mapa y se levantó.
-Ahora, acompáñame -le dijo él mientras salía por la puerta.
Bajaron las escaleras hasta la sala de armas y le dio un mono marrón claro, una Marcadora Spyder MRX 2012, una mochila con recargas y un walkie talkie.
-Los capitanes y los vigilantes iréis de marrón claro y el resto de marrón oscuro. Ten cuidado, África.
África sonrío ampliamente y salió por la puerta. Se dirigió a su cuarto corriendo y se tiró encima de Fran.
-¡¡¡Buenos días, dormilón!!! -dijo mientras empezaba a hacerle cosquillas.
Fran abrió brevemente los ojos y la cogió al vuelo, tumbándola a su lado, la abrazó y cerró los ojos.
-Vamos, ¡es hora de despertar! ¡No seas vago!
Fran abrió un ojo y la miró sarcásticamente.
-¿Ahora el vago soy yo? Oh, perdona por no querer despertarme a las -miró el reloj- siete menos veinte, chica que se levantaba en casa todos los días que no tenía clase a las 12...o 1...
África se empezó a reír y le empezó a dar besos por la cara.
-¿Encima que te doy los buenos días, me pones pegas? Pues nada, me voy -dijo mientras hacía amago de levantarse de la cama-.
-¡No! -dijo él.
La abrazó y empezó a besarla, despacio, sin prisa. Le metió la mano por el jersey y le acarició el comienzo de la venda que tenía en las costillas. Ella le separó y sonrío. Se puso de píe y se quitó la ropa mientras él la miraba para, acto seguido tirarse encima y besarle.
-Muy bien, chicos, esté es el plan -África puso el mapa en el proyector de la sala de reuniones porque, aunque a ella no le hacía falta mirarlo para recordar, a los demás, sí-. En esté punto estarán los tres vigilantes. El sector uno irá con Fran por el el Este, rodeando el edificio y sorteando a los del equipo contrario; el sector dos vendrá conmigo por aquí, por el oeste. La idea principal es internarnos en el único resquicio del desierto con algo de vegetales y rodear por aquí, por las dunas. Deberíamos llegar a éste punto -dijo África señalando el sitio en el que se encontraba la bandera- prácticamente a la vez.
Se apoyó en el escritorio y miró a los tres sectores que faltaban.
-Los sectores tres, cuatro y cinco os encargaréis de proteger a los vigilantes y nuestra bandera. Dos de vosotros os colocaréis aquí -dijo señalando dos puntos diferentes cerca de la bandera-. El otro, se esconderá aquí, como protección adicional -señaló un cumulo de dunas justo detrás del fuerte donde se encontraba la bandera-. Estamos identificados por colores: el sector uno, verde; el sector dos, azul; el sector tres, naranja; el sector cuatro, morado; y el sector cinco, rojo. Tenéis unos pañuelos encima de la mesa que os deberéis poner en un sitio visible. Al salir de aquí os encontraréis vuestras armas, mochilas con agua, recambios y todo lo necesario. Es todo. Preparaos y salid a vuestras posiciones. Esto empieza en apenas 15 minutos.
La gente empezó a salir por grupos y ella se sentó encima de la mesa. Se quitó la parte de arriba del mono y se la ató a la cintura. Cogió un bote de crema solar que le habían dado en la enfermería y se la hecho por el cuerpo. Se puso el pañuelo azul a modo de diadema en la cabeza y se bajó de la mesa.
-Veo que te han venido bien las camisetas de tirantes que te dejé -dijo Limbo mientras entraba en el despacho.
África sonrío y le devolvió las hojas y los mapas.
-Suerte, África.
-Eso es para principiantes -dijo mientras salía al exterior.
No sabía lo difícil que iba a ser y lo que la iba a necesitar.
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