Creía que ese día no se iba a acabar nunca. Todavía podía sentir su respiración al otro lado de la puerta, el calor del sitio donde había estado y el olor procedente de su cuerpo. Nunca había odiado tanto a alguien.
África cerró los ojos y respiró un par de veces intentando tranquilizarse. Se sentía bastante adormilada, pese al dolor de cabeza y al agobio de estar en un sitio tan pequeño.
-¡África! ¿Sigues ahí?
La voz de Fran le taladro el oído rápidamente y hizo que se asustase. Abrió los ojos aturdida mientras se rozaba lo que debía haber sido la herida de la cabeza.
- Si, perdona. ¿Qué decías?
- Cariño, ¿estás bien?
- Si, si, es sólo que me he despistado mirando la calle. Oye, cielo, ¿te importa si lo dejamos para más tarde? Es que me acabo de acordar de que mi madre me mandó un correo desde Nueva York para comprar unas cosas.
- Está bien, luego te llamo. ¡Te quiero!
- Y yo. -dijo mientras colgaba el teléfono y recorría su habitación con la mirada.
Fue hacía el baño, abrió la ducha y puso la radio. Sin ni siquiera pensárselo dos veces cogió su mochila y corrió hacía la puerta delantera, se puso la capucha y subió a la azotea. Se sentó en la repisa a esperar mientras encendía un cigarrillo y absorbía el humo con cuidado. Sonrío al pensar lo que diría Fran si estuviese con ella, 'vas a morir antes de lo debido por fumar tan joven, es una pena'. Se lo terminó con tranquilidad, tomándose su tiempo, sabía que les llevaba ventaja. Miró el reloj y sonrío al escuchar el 'crash' del salón al mismo tiempo que terminaba 'No love' de Simple Plan en el baño.
-Deja eso donde estaba. Te he dicho que no toques nada, puede que ya nos haya oído.
Apagó el cigarro y bajo las escaleras con cuidado, sin hacer ruido. Al llegar abajo se dio cuenta de que todo estaba preparado para que ella fuese hacía el despacho de su padre, puesto que no había nadie vigilando la salida del edificio. Se subió a la moto de su hermano y, sin siquiera mirar atrás, arrancó.
Alguien entro por la puerta 20 minutos después de lo que él había previsto aunque, en aquellos momentos, ya sabía lo que le iban a decir. Ella ya no estaba, se había ido. Se giró cuidadosamente y miró fijamente a la chica pelirroja que había en la puerta.
- Señor, -dijo ella mientras se pasaba la mano por el pelo.- llevamos 20 minutos esperando y Mikel ha decidido entrar a buscarle al cuarto de baño pero...ella no está.
- Y alguien me puede explicar -miro a la gente que iba entrando en el despacho uno a uno.- ¿cómo una chica de 18 años, sola en está casa, que no tiene ningún conocimiento acerca de nuestra organización, que, -miró a Mikel fijamente fulminándolo con la mirada- supuestamente, había quedado con su novio hace diez minutos y se iba a dar una ducha, ha decidido salir, repentinamente, de ésta casa, sin motivo aparente y ha dejado la ducha y la radio funcionando?
Mikel bajó la mirada al suelo y se miró los pies con nerviosismo. Todo estaba planeado a la perfección. Él nunca fallaba. Sabía a que hora iba a entrar en la ducha y sabía cuándo tenía que tirar aquel jarrón al suelo. Sabía que tenía que decir. Estaba perfectamente preparado para que, su única solución para salir de allí fuese ir hacía aquel despacho y encontrarse con su jefe. Pero había fallado. Ella había escapado.
- Carla, busca por la casa cualquier pista sobre dónde allá podido ir, con quién o por qué. Mikel -volvió a mirar al chico.- dirige al El Grupo hacía todos los lugares que suele frecuentar, búscala hasta en el Inframundo si hace falta, pero que no se te escape. No vuelvas a fallarme. El resto -miro a las 7 personas que había todavía allí.- volved a El Fuerte.
Cuando todo el mundo hubo salido de la casa cogió la carpeta que tenía preparada encima de la mesa y la abrió.
África Martínez. 18 años. 27 de Abril del 1994. Mujer.
Sacó las fotos y las dejó a un lado. Al fondo había una nota escrita en rojo y en mayúsculas. "NO LA DEJÉIS ESCAPAR". Tiró la carpeta al suelo desesperadamente. 'Como no la encontremos...estamos jodidos' pensó.
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